Hay muchas diferencias entre los españoles y los alemanes. Aun hay una cosa que unifica las dos naciones: el entusiasmo por el fútbol!
Estando en España como extranjera no solo estoy aprendiendo la cultura española, también empiezo de percatarme de mi origen, mi origen alemán. De pronto me di cuenta que soy uno de los pocos alemanes que la gente encuentra en Albacete, y por lo tanto, soy yo la que proyecto las imágenes de mi país y de los alemanes en general. ¡Qué responsabilidad! A veces, la gente que encuentro me pregunta sobre nuestras tradiciones e ideas de cosas y mucho más frecuente soy yo misma que empiezo de hablar sobre las diferencias cuando algo llama mi atención. Claro, que algunos me han preguntado también que pensamos los alemanes de Hitler ahora, y si nos gusta lo que ha hecho él. Sólo a un tonto le gustaría… Sea como fuere, nunca me he sentido tan alemana como en la noche del partido de Alemania contra España en la copa mundial.
Desde el primer día de la copa mundial, la gente de pronto percibió que era alemana, me deseaba suerte cuando jugaba Alemania, y en la Enclave Joven, donde participo en las clases de castellano, puse un póster del equipo alemán al lado de la bandera española. Por suerte, Alemania y España no estaban en el mismo grupo, entonces mi conflicto moral estaba reprimido todavía. De verdad, esperaba que los dos equipos, los alemanes y los españoles pasasen, porque no quería perder las emociones que en España son igual de locas que en Alemania con el fútbol. Partido a partido estaba más expectante con los dos equipos. Aprendía los vocabularios españoles de fútbol (ahora mismo ya sé explicar lo que es “fuera de juego” en castellano!!), la obligación española de bañarse en una fuente y mojarse la ropa después de un partido ganado y las características de la estrategia española, sobre todo el ‘tiki-taka’-técnica que consiste en pases muy rápidos que a lo mejor acaban en goles. Para ser franca, España ganó la copa mundial por fin, pero golear es una arte alemana, aunque no sabemos el tiki-taka.
Vi un partido muy emocional entre Alemania y Argentina – emocional, porque lo vi con una chica argentina que empezó llorar cuando los alemanes metieron el segundo gol (y por fin ganamos 4:0) y no me atrevía alegrarme mucho de que ganamos los alemanes.
Ya era la hora del partido de Alemania contra España en la semifinal. Mis amigos españoles flipaban: por la primera vez en la historia el equipo español estaba en una semifinal! Claro que los colores de moda este verano eran rojo-amarillo-rojo. Nadie nunca salía de casa sin un accesorio que llevaba la bandera nacional. (Por suerte, la bandera alemana lleva los colores negro – rojo – oro, entonces no se notaba directamente que la bandera en mi muñeca no era la de España.)
El día antes del partido mi cuenta de Facebook ya estaba llena de gritos marciales y burlas – ahora representaba el enemigo germánico en el camino de España hacia la copa y me tenían que desmoralizar. Mis amigos españoles estaban segurísimos que ganaría España. Fue también por la profecía de un tal pulpo de nombre de Paul que le gustó más comer su comida del comedor con bandera española en lugar del de bandera alemana. (Me pregunto de verdad quien tuvo la ocurrencia de elegir un pulpo de todos los animales que hay para que haga profecías sobre los resultados, pero parece que este tiene unos conocimientos paranormales.)
Fui a ver el partido con Tobias, el otro voluntario alemán y con Anna, su nueva compañera de piso de Hungría que acababa de llegar cuatro días antes. Quedamos en la zona de Albacete – donde todo el mundo quería verlo. Me deslumbraba cuando veía todas las camisetas rojas. Creo que era la única llevando otro color. Muy osada, también me había pintado la bandera de Alemania en la mejilla. No encontré mis amigos inmediatamente y pasando por la zona tenía que encajar un montón de comentarios sobre mi ropa, pero también me invitaban algunos de ver la lucha con ellos pacíficamente.
Tobias eligió su ropa con cuidado: llevaba la camiseta alemana, pero también había pintado la bandera española en su mejilla, porque tenía miedo que alguien le pegara si ganará Alemania. Anna no daba crédito a sus ojos. Como los húngaros no ganan un partido muchas veces, no alborotan mucho por el fútbol y ella no había visto nunca gente que se vuelve tan loca por un deporte. De hecho, ella ni sabía las reglas más básicas de fútbol. Pero como todo el mundo estaba celebrando y celebrando, no creo que le importaba mucho.

El partido empezó pronto y nos encontramos con unos españoles muy divertidos. El partido era muy emocionante, pero Tobias y yo teníamos que admitir que la Roja jugaba mejor. Los alemanes estábamos pegando en la defensa y nunca empezábamos a atacar. Por fin, el equipo español metió un gol. Desde este momento, la gente en la zona flipaba totalmente, bailaba, cantaba, gritaba, encendía fuegos artificiales, llamaba a sus amigos y se mojaba los unos a los otros con cubos de cerveza. De verdad, con todos estos locos a mi lado, ni me daba lástima por los alemanes y no podía dejar de reír. Por signo de amistad cambié mi gorra alemana por una bandera española muy chula y mi lealtad al equipo español. ¡Qué decisión más sabia! España ha ganado la copa mundial y el gol más importante lo ha marcado un albaceteño! Por fin, los españoles también llevan una estrella en sus camisetas. ¡Enhorabuenas! ¡Viva la España!


